Ambiente

DESERTIFICACIÓN QUE AVANZA EN SANTIAGO

06 de Agosto del 2015 | 2 min lectura| SabrinaPin
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Desertificación que avanza en Santiago. No es la prioridad en la agenda ambiental del Gobierno, pero sus consecuencias son devastadoras para el país. La desertificación es producida por el humano y golpea directamente a la población más pobre. La tierra pierde riqueza, disminuye la agricultura, aumenta la sequía, la deforestación y la migración campo-ciudad. Todo esto ocurre en Santiago y sus alrededores. Una problemática para la que hay ciertos fondos internacionales, además de medidas a corto y mediano plazo ejecutadas por la Conaf, pero que exige planificación hacia el futuro, según los expertos. En la capital, donde vive más de la mitad de la población de Chile, este fenómeno ya comienza a sentirse en el prolongado calor del verano y la falta de lluvias en invierno.

Desierto en África

El desierto avanza sobre la tierra. La zona más golpeada es África subsahariana y quienes las sufren son aquellos que viven en pobreza. La desertificación no solo produce guerras territoriales por el control del agua, con sus respectivas matanzas y violaciones, sino que también hambruna y enfermedades.

Una realidad aparentemente lejana hacia la que Chile y Santiago caminan ciegamente. O bien, la desertificación avanza en silencio sobre las regiones del país y amenaza a la capital. Lo hace lento, entre 0,4 a 1 km por año, según informes de expertos. “Es difícil dar una cifra, pero en uno de los peores escenarios de cambio climático el desierto podría avanzar unos 50 km2 (de superficie) por año. Eso es bastante. En mi opinión, el desierto avanza más por causas humanas que por causas climáticas”, señala el doctor en Geografía y académico de la Universidad de Chile, Pablo Sarricolea.

Tres causas la producen y dos son antrópicas, o sea, directamente producidas por el hombre:

- la deforestación

- el mal manejo del suelo.

- La tercera es por la reducción de las lluvias que produce sequía. En este punto se introduce la variable del cambio climático, donde el humano también tiene incidencia. “Es decir, estamos deforestando, manejando mal el suelo y en parte incidiendo en el cambio climático”, señala el experto en suelos y académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), Mauricio Calderón.

Si Santiago llega a un grado de desertificación avanzado, la postal no sería la de una capital cubierta por dunas y arena, como Dubai, pero sí la de una capital sobrepoblada en un valle devastado, inhóspito, erosionado y con vegetación espinosa.

¿Por qué vamos hacia allá?

Porque para desarrollar las ciudades, en particular Santiago, el modelo ha sido la extracción de recursos naturales y eso tiene un costo, explica Leonardo Vera, doctor en Ciencias de los Recursos Naturales, Ordenamiento Territorial y Ruralidad y académico de la UNAB.

El escenario es complicado y la escasez de agua, factor crítico que influye en la desertificación, es una de las razones. Las cifras de los últimos años demuestran que en Santiago, y en Chile, hay déficit en las precipitaciones, extensión de los períodos de sequía y un aumento, proyectado, de la temperatura. Hace un mes la Dirección Meteorológica de Chile señaló que al considerar el acumulado de precipitaciones entre enero y junio de 2015, era “el período más seco de los últimos 50 años". A lo que se suma la simulación del clima realizado por el organismo. La proyección para el período 2030 y 2059 es que la temperatura media máxima de Santiago aumentará en 2°C en 2050.

Desertificación social: pobreza y migración

Más de la mitad del país (62%) está afectado por la desertificación, según los datos que maneja la Corporación Nacional Forestal (Conaf). El 26% de las comunas se encuentran en categoría grave y el 37% en categoría moderada de desertificación.

El principal indicador de esto es la agricultura, ya que necesita agua y suelo. La productividad agrícola disminuyó un 32% en menos de 10 años, según un estudio sobre el tema de 2012 elaborado para el Congreso. “Por cada 1% de disminución en la capacidad productiva del territorio, se pierde permanentemente unos 120 millones de dólares en el PIB, pérdidas que recaen primordialmente en las áreas rurales más pobres”, señala el documento.

Cuando los suelos pierden productividad hay menos cosechas y producción ganadera, lo que potencia la migración campo-ciudad con lo que, según el estudio, “se engrosan las filas de trabajadores no calificados y los cordones de pobreza en torno a las grandes ciudades”. Ese proceso es definido por Leonardo Vera como un 'círculo vicioso'. “Santiago crece y se desertifica, pero desertifica también a todos los demás territorios y como ahí ya no se puede vivir, la gente se viene a Santiago, que crece más y se vuelve a desertificar. En esa historia estamos hace 200 años haciendo crecer a la capital”, explica.

En el país hay 1,5 millones de personas afectadas por desertificación, casi un cuarto de quienes habitan en la capital, y la migración anual es del 3%, según el estudio elaborado para el Congreso. El nervio sensible es que la Región Metropolitana concentra más de la mitad de la población nacional (55%), por lo que la capital se vería “muy afectada si vemos la desertificación como un problema social, porque el desierto está avanzando justamente donde se concentra gran parte de la población nacional”, advierte Sarricolea de la U. de Chile. Si no se toman medidas y en el futuro Santiago llega a una situación extrema hay dos áreas, según proyecta la Conaf, que serían críticas: seguridad hídrica y alimentaria.

Menos lluvia, más sequía

El escenario es complicado y la escasez de agua, factor crítico que influye en la desertificación, es una de las razones. Las cifras de los últimos años demuestran que en Santiago, y en Chile, hay déficit en las precipitaciones, extensión de los períodos de sequía y un aumento, proyectado, de la temperatura.

Hace un mes la Dirección Meteorológica de Chile señaló que al considerar el acumulado de precipitaciones entre enero y junio de 2015, era “el período más seco de los últimos 50 años". A lo que se suma la simulación del clima realizado por el organismo. La proyección para el período 2030 y 2059 es que la temperatura media máxima de Santiago aumentará en 2°C en 2050.

Por su parte, el doctor en Geografía, Pablo Sarricolea, elaboró un modelo de índice termopluviométrico que muestra la disponibilidad de agua y permite ver cómo avanza el desierto climático por la cantidad de lluvias y temperaturas. “Lo que indican todos los datos es que en Santiago el recurso agua se va a ir agotando. Se habla que vienen sequías que van a ser de mayor longitud temporal, ya no de 10 o 15 años, sino que multidecadales, de 20 años. Si no se toman medidas, eso favorece los procesos de desertificación”, dice Sarricolea. En uno de sus trabajos estableció que en 10 de las 15 capitales regionales de la zona centro-sur las precipitaciones disminuirán en el futuro.

Menos árboles, más erosión

La marcha del desierto sobre la capital tiene otra arista devastadora: la erosión. Esta es un fenómeno natural pero que se agrava considerablemente por las acciones del hombre, como deforestación, incendios y mal manejo del suelo.

Cuando se devasta el suelo la posibilidad de recuperarlo es menor, según el académico Leonardo Vera, “porque te escapas de la escala humana y pasas a escalas geológicas. Teniendo un buen suelo puedes restaurar de forma efectiva con distintas técnicas, como forestación o praderas, y tienes cierta probabilidad de éxito. Pero cuando ya rompes el suelo y lo echas a perder, es difícil”.

¿Cómo se controla la erosión?

Para Calderón el tema pasa por las plantaciones forestales de especies de crecimiento rápido como el pino, eucalipto, ciprés y álamo. “Los gobiernos han abordado parte del problema, dentro de lo que ellos conocen. Se han dado cuenta de que con el bosque nativo se demoran 300 años para controlar la erosión. Entonces, hay algunas críticas que son injustificadas a los servicios públicos. ¿Por qué se ha plantado pino y eucalipto en Chile? Para tratar de reducir la erosión”, señala.

Frenar el avance del desierto

Hace casi 20 años Chile se hizo parte de la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (CNULD). Esta se rige por la Conferencia de las Partes (CP) que en diciembre próximo se reunirá en París, Francia (COP 21), con el objetivo de adoptar un nuevo acuerdo climático mundial.

Pero hay otras formas de financiamiento que llegan a Conaf, que lidera las acciones –fomento forestal, combate y prevención de incendios forestales, fiscalización de tala ilegal, entre otras– para frenar la desertificación.

Hay coincidencia, sin embargo, que pese a los esfuerzos a corto y mediano plazo por detener el avance del desierto, es necesario una mirada a largo plazo. “No hay un plan de aquí a 50 años de cómo queremos nuestra ciudad y nuestra región. No hay una mirada de qué proyectamos al 2050 y al 2100”, finaliza Pablo Sarricolea, de la Universidad de Chile.

Mientras, el desierto continuará su lento y devastador asedio sobre la capital.

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