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¿EL CLIMA AFECTA A LA PROPAGACIÓN DEL COVID-19?

18 de Marzo del 2020 | 3 min lectura| SabrinaPin
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Escrito por Carlos Zotelo
Lic en ciencias de la Atmósfera(CERZOS/CONICET)

Mucho se ha hablado sobre el COVID-19. Hasta el día de hoy no hay estudios publicados en revistas científicas (al menos en las más importantes) que relacionen factores meteorológicos y la vida media del virus.

Al inicio de la epidemia, la comunidad académica fue optimista, pues existen muchas similitudes entre esta variante del COVID-19 y un viejo conocido, SARS-CoV.

La tendencia original fue pensar que la experiencia adquirida en la epidemia de SARS (síndrome respiratorio agudo severo) en 2003 brindaría información clave para avanzar en forma rápida hacia una solución del problema.

En este sentido, uno de los mitos que ha sobrevivido hasta nuestros días acerca del SARS es que su desaparición se debió meramente a cuestiones meteorológicas.

Detectado en China en noviembre de 2002, rápidamente se expandió por Hong Kong, Singapur y gran parte del sudeste asiático. En marzo de 2003, arribó a Canadá y no se detuvo. En mayo, la OMS reveló que la tasa de mortalidad media del virus era del 15%. A partir de ese momento y en conjunción con el fin de la primavera, la llegada del verano al hemisferio norte y el consecuente aumento de las temperaturas, la epidemia comenzó a controlarse.

El SARS no desapareció únicamente por causas naturales. En algún punto el clima más cálido contribuyó, aunque, muy poco. Durante el invierno, el aire exterior es más frío y, a excepción de algunos lugares puntuales, es más seco, tanto en el interior de los hogares como en exterior. Se ha demostrado que, en el caso de la gripe común, la humedad, el contenido de vapor de agua en el airey la presión, afectan fuertemente su transmisión, siendo las condiciones secas las más favorables para la propagación del virus. Este dato no es menor pues sugiere que mecanismos similares pueden actuar en otros virus de índole respiratorio como el COVID19. También es importante señalar que hay excepciones a esta regla pues algunas condiciones muy húmedas han favorecido la transmisión de la gripe, particularmente en las regiones tropicales. Sin embargo, lo más aceptado científicamente es que en regiones templadas, el aire frío y seco resulta en condiciones favorables para la transmisión de la gripe.

Lamentablemente para los coronavirus, se desconoce la relevancia del factor climático. Según Marc Lipsitch, profesor de epidemiología en la Escuela de Salud Pública de Harvard, hay indicios que la transmisión es posible en muchos escenarios climáticos. El ejemplo más claro es Singapur, ubicado cerca del ecuador y que ha tenido una transmisión significativa. Sin embargo, existen discrepancias meteorológicas entre Singapur en febrero y zonas templadas en verano. Esto es, diferencias en la duración del día, la radiación ultravioleta, la humedad relativa, el contenido de vapor de agua y otros factores que pueden ser importantes para el coronavirus. Lo cierto es que SARS fue eliminado por la impecable intervención de los sistemas de salud pública y de los extremadamente intensos controles en China continental, Hong Kong, Vietnam, Tailandia, Canadá y otros lugares. En aquel entonces, se aislaron casos, se puso en cuarentena a todos los contactos y se respetaron a ultranza las normas de distanciamiento social sugeridas.

En Toronto, sin embargo, SARS tuvo una etapa de resurgimiento semanas después de la ola inicial, cuando se pensó que ya había sido controlada. La razón fue clara, se abandonaron las medidas de precaución y los sistemas de control se hicieron más laxos. La experiencia de Canadá nos deja una enseñanza que no debemos minimizar: el clima puede ayudar, pero la prevención es la clave.

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