Ciudades sustentables

DOS LOCALIDADES ARGENTINAS QUE HACEN HITO EN AGROECOLOGÍA

23 de Julio del 2021 | 2 min lectura| RobertoAndrés
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Según Santiago Sarandón, fundador de la primera Cátedra de Agroecología en Argentina y presidente de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología, esta disciplina surge como un nuevo campo de conocimientos, un enfoque, una disciplina científica que reúne, sintetiza y aplica conocimientos de la agronomía, la ecología, la sociología, la etnobotánica y otras ciencias afines, con una óptica holística y sistémica y un fuerte componente ético, para generar conocimientos, validar y aplicar estrategias adecuadas para diseñar, manejar y evaluar agroecosistemas de manera sustentable.

Pero muchos se preguntan: ¿es rentable económicamente? Durante el 1° Congreso Argentino de Agroecología, celebrado en Mendoza el 18, 19 y 20 de septiembre de 2019, un grupo de ingenieros agrónomos de la Chacra Experimental Integrada Barrow (INTA-MAIBA) demostró que el trigo agroecológico es más económico que el convencional: “La aplicación de modelos de base agroecológica permitió obtener cultivos con muy buena rentabilidad y menor riesgo productivo, así como un menor impacto sobre el ambiente por el reemplazo, en gran medida, de insumos y energía externa por procesos e interacciones naturales”.

LA RED ARGENTINA DE MUNICIPIOS POR LA AGROECOLOGÍA

Un actor que ha sido clave en el proceso de expansión y reivindicación de la agroecología ha sido la Red Argentina de Municipios y Comunidades por la Agroecología (RENAMA) fundada en mayo de 2016 y que articula las experiencias de 31 municipios, más las localidades uruguayas de Canelones y San José. Con 180 productores, 29 grupos y 85 asesores, esta red se propone “redescubrir el potencial regenerativo de la agricultura a nivel ecológico y humano, para transformar las localidades rurales en lugares que coevolucionen con su entorno para que sean más fuertes, vibrantes y resilientes”.

Uno de sus fundadores, Marcelo Schwerdt, doctor en Biología y actual secretario de turismo, patrimonio y desarrollo rural sostenible de Guaminí, declaró recientemente en diálogo con Nuestras Voces: “En este poquito tiempo, sin presupuesto, sin equipos técnicos -más que el tiempo que nosotros le podíamos dedicar a recorrer el país y la invaluable tarea de investigadores que acompañan cada vez que son convocados en las distintas regiones para generar conciencia- se logró transformar 100 mil hectáreas en el país”.

GUAMINÍ, PIONEROS EN PRODUCCIÓN AGROECOLÓGICA

Guaminí es pionero en el paso de la producción convencional a la agroecológica. Esta localidad, ubicada a 500 kilómetros de CABA, que ha demostrado que una producción sustentable de alimentos es una salida económicamente posible, pasó de 100 hectáreas cultivadas sin agrotóxicos ni transgénicos en 2014 a 5000 hectáreas en la actualidad.

Todo comenzó en 2012 cuando la Dirección de Medio Ambiente del municipio convocó a una mesa de salud apropósito del uso indiscriminado de agrotóxicos, ya que se había demostrado que el 80 % de los establecimientos educativos estaban siendo fumigados. Los esfuerzos se concentraron en la prohibición y regulación de los agrotóxicos, algo que se consiguió en 2016. Sin embargo, faltaba la solución productiva.

En 2014 el ingeniero agrónomo Eduardo Cerdá, que actualmente preside la Dirección Nacional de Agroecología, llevó a Guaminí la experiencia de La Aurora, establecimiento agroecológico de la localidad de Benito Juárez que fue elegido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como uno de los 52 establecimientos modelo en producción agroecológica de cereales y carne bovina. El motivo de la distinción fue haber demostrado que una agricultura productiva sin agroquímicos es posible y rentable. El clic en los productores de Guaminí fue irreversible.

En cinco años, esta localidad, que ostenta un 30 % de población rural, pasó de 100 hectáreas de producción agroecológica a 5000 hectáreas. En el camino abrieron 10 molinos de piedra artesanal para producir harina integral con certificación agroecológica. Los cultivos regenerativos de avena y vicia fertilizan los suelos al fijar nitrógeno y dan buen alimento a los animales que después bostearán las parcelas. También practican el pastoreo racional, en el que los animales circulan y luego siembran trigo sobre ese “suelo vivo”. También hay pasturas, siembras complementarias, ganado, lechería y girasol.

LINCOLN, UN CONTAGIO EXPANSIVO

El entusiasmo en Guaminí contagió a la localidad de Lincoln, que solo en tres años ya cuenta con 20.000 hectáreas de producción agroecológica, la cual es asesorada por 17 ingenieros. Aquí se asocian cultivos de gramíneas (trigo, sorgo y maíz) con leguminosas (como la vicia o el trébol), las que cubren y protegen el suelo, le fijan nitrógeno y lo enriquecen, lo que permite evitar los fertilizantes químicos.

Según señaló Pablo Arguilla, productor agropecuario de Lincoln en diálogo con La Verdad, para erradicar las malezas, “lo que se busca es no dejarle un ambiente propicio para que se desarrolle. Por ejemplo, la experiencia que hemos tenido aquí en Lincoln, es hacer cultivos de sorgo con vicia o maíz con vicia y en otros lugares hemos visto trigos con tréboles. En estos casos la vicia lo que hace es cubrir el suelo impidiendo que las malezas crezcan mientras los cultivos se desarrollan”.

UNA AGRICULTURA CON VISIÓN INTEGRAL

Eduardo Cerdá, ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional de La Plata y fundador de la Red explica en diálogo con Revista Almagro: “En las facultades, tanto en medicina, agronomía o veterinaria, se hace siempre hincapié en la enfermedad, en cómo diagnosticarla y cómo curarla. Pero no se hace hincapié en la salud. ¿Cómo hacemos para estar bien?”.

“Lo que no entienden es que un suelo enfermo genera una planta enferma y un animal enfermo. Y esos son nuestros alimentos. ¿Y eso qué genera? Un ser humano enfermo o débil, al que le faltan los elementos para estar bien”.

Se trata de una visión diferente a la hegemónica, dictaminada por el modelo extractivo e intensivo. Sin embargo, no representa una vuelta a prácticas agrícolas primitivas. “Nosotros hacemos siembra directa, pero sin agroquímicos. No es una siembra directa drogadicta, viciosa y llena de remedios. Estamos atrás del concepto de la salud”.

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