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EN 2020 CAERÁ UN 5 % LA DEMANDA MUNDIAL DE ENERGÍA POR COVID-19

22 de Octubre del 2020 | 2 min lectura| escritores
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Lo señaló la Agencia Internacional de Energía. El consumo de petróleo disminuirá un 8 % y el uso de carbón un 7 %. Las energías renovables, las menos afectadas por la pandemia.

Por Roberto Andrés para Sustentartv

Dos temas claves fueron abordados por la Agencia Internacional de Energía (AIE) en su reporte anual publicado este mes World Energy Outlook 2020: el impacto de la pandemia por covid-19 en el sector energético y las perspectivas de transiciones energéticas aceleradas.

“Estos temas están interrelacionados y sujetos a importantes incertidumbres a corto plazo, en particular en relación con la duración y gravedad de la pandemia, sus implicaciones económicas y la medida en que la energía y la sostenibilidad se incorporan a las estrategias de recuperación. Exploramos las vías para salir de la crisis actual en múltiples escenarios y casos, con un enfoque en los próximos diez años”.

Según la evaluación, “el sistema energético muestra caídas esperadas en 2020 del 5 % en la demanda mundial de energía, del 7 % en las emisiones de CO2 relacionadas con la energía y del 18 % en la inversión energética”.  También, “se prevé que el consumo de petróleo disminuirá en un 8 % en 2020 y el uso de carbón en un 7 %. Las energías renovables, especialmente las del sector energético, se ven menos afectadas que otros combustibles por la pandemia y sus secuelas”.

Uno de los escenarios explorados para salir de la crisis es el Escenario de Políticas Declaradas (STEPS), que “se basa en la configuración de políticas actual y en la suposición de que la pandemia se controlará en 2021”. Según la AIE, en este escenario en 2021 el PIB mundial vuelve a los niveles anteriores a la crisis y en 2023 ocurre lo mismo con la demanda mundial de energía, pero los resultados varían considerablemente según el combustible.

“Las energías renovables cubren el 90 % del fuerte crecimiento de la demanda mundial de electricidad durante las próximas dos décadas, liderado por los altos niveles continuos de despliegue de energía solar fotovoltaica, pero el uso mundial de carbón nunca vuelve a los niveles anteriores. Para 2040, la participación del carbón en la demanda mundial de energía caerá por debajo del 20 % por primera vez en la historia de la energía moderna”.

Otro escenario analizado es el Escenario de Recuperación Retrasada (DRS), en donde “la misma configuración de políticas conduce a diferentes resultados energéticos porque una pandemia prolongada tiene impactos económicos y sociales más profundos y duraderos”. Aquí el PIB mundial se recupera a los niveles anteriores a la crisis recién en 2023, y la demanda mundial de energía recién en 2025.

“La demanda de petróleo se estabiliza por debajo de la marca de 100 megabatios por día (mb/d), unos 4 mb/d por debajo del nivel de los STEPS. Los cambios de comportamiento debidos a la pandemia afectan las perspectivas del petróleo de múltiples maneras, pero el DRS, como el STEPS, aún no muestra que la demanda de petróleo alcance un pico claro”.

Por otro lado, en ambos escenarios “se produce un repunte de las emisiones mucho más lento que el observado después de la crisis financiera de 2008-09. Sin embargo, no suponen una ruptura decisiva en la tendencia de las emisiones globales de CO2. Una trayectoria ligeramente más baja para las emisiones en el SDDR que en los STEPS se debe a la reducción de la actividad económica, más que a los cambios estructurales en la forma en que se consume o se produce la energía. Una mayor intensidad de carbono de la economía en este escenario ilustra el peligro de confundir el bajo crecimiento con una solución al cambio climático”.

A su vez, “basándose en el Plan de Recuperación Sostenible de la AIE, el Escenario de Desarrollo Sostenible (SDS) prevé un aumento a corto plazo de la inversión en tecnologías de energía limpia durante los próximos diez años. Junto con la acción para reducir las emisiones de la infraestructura existente, esto es suficiente para hacer de 2019 el año pico definitivo para las emisiones globales de CO2”.

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