Ambiente

DETECTAN UNA DISMINUCIÓN DE LA FAUNA SILVESTRE EN UN 68 % DESDE 1970

16 de Setiembre del 2020 | 2 min lectura| escritores
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El Fondo Mundial para la Naturaleza también afirma que se ha perdido más del 85 % de los humedales. “La conservación es fundamental pero no suficiente. También debemos transformar los patrones de producción y consumo de alimentos”, La conservación es fundamental pero no suficiente. También debemos transformar los patrones de producción y consumo de alimentos”, concluyen.

Por Roberto Andrés para Sustentartv

Nuevo índice del Planeta VIVO

El Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF) ha publicado recientemente su nuevo Índice Planeta Vivo 2020, en donde hace un seguimiento de la abundancia de casi 21.000 poblaciones animales en todo el planeta desde 1970. “Las tendencias poblacionales de las especies son importantes porque constituyen un buen indicador de la salud general de los ecosistemas”, asegura.

Sin embargo, “el IPV detecta una disminución media del 68 % de las poblaciones estudiadas de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces entre 1970 y 2016”. Para la WWF, “su grave descenso constituye una buena prueba de la catastrófica deriva de la naturaleza”. De hecho, la influencia humana en la pérdida de naturaleza es tan grande que “numerosos científicos opinan que estamos entrando en una nueva época geológica: el Antropoceno”.

Desde la revolución industrial, las actividades humanas han ido degradando de forma creciente bosques, praderas, humedales y otros ecosistemas importantes, amenazando así el propio bienestar humano. “Hasta un 75 % de la superficie terrestre no cubierta de hielo ya ha sido significativamente alterada, la mayoría de los mares están muy contaminados y se ha perdido más del 85 % de los humedales”, aseguran.

El IPV también afirma que las especies tropicales son las que están sufriendo un mayor declive. “El resultado más impactante a escala planetaria es la reducción del 94 % en el IPV de las subregiones tropicales del continente americano. La alteración de praderas, sabanas, bosques y humedales, la sobreexplotación de especies, el cambio climático y la introducción de especies exóticas constituyen las principales amenazas”.

Respecto a la biodiversidad de los ecosistemas de agua dulce, el informe indica que “con los datos disponibles se sabe que, desde el siglo XVIII, casi el 90 % de los humedales del planeta han desaparecido y las cartografías globales recientes demuestran hasta qué punto las actividades humanas han alterado millones de kilómetros de ríos”.

Las tendencias poblaciones en esta área también están en continuo descenso. “Las 3.471 poblaciones evaluadas por el IPV de Agua Dulce (que representan a 944 especies de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces) han disminuido una media del 84 %, equivalente al 4 % anual desde 1970”. La mayor parte de estas pérdidas se están dando especialmente en Latinoamérica y Caribe, y los descensos poblacionales han afectado más a especies de tamaño grande y medio.

Por otro lado, la biodiversidad del suelo desempeña un rol fundamental en los servicios ecosistémicos de los que dependemos: “El suelo alberga una de las mayores reservas de biodiversidad de la Tierra. Hasta el 90 % de los organismos vivos en los ecosistemas terrestres, incluidos algunos polinizadores, pasan parte de su ciclo de vida en los hábitats del suelo”.

La WWF también informa que la diversidad vegetal disminuye de forma alarmante. El riesgo de extinción de las especies vegetales es comparable al de los mamíferos y más alto que el de las aves. El número de plantas extinguidas documentadas es el doble que el de mamíferos, aves y anfibios juntos.

“Una evaluación de una muestra de miles de especies representativas de la variedad taxonómica y geográfica de la biodiversidad vegetal global muestra que una de cada cinco (22 %) está amenazada de extinción, en su mayoría en zonas tropicales”, afirman.

“La conservación es fundamental pero no suficiente. También debemos transformar los patrones de producción y consumo de alimentos”, concluye el informe. “Solo un enfoque integrado, que combine una conservación ambiciosa con medidas dirigidas a los factores que provocan la conversión del hábitat, como las intervenciones de producción o consumo sostenibles, o preferiblemente ambas, logrará revertir la curva de la pérdida de biodiversidad”.

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