Medio ambiente

CÓMO EL CALENTAMIENTO GLOBAL DESTRUYE LA GRAN BARRERA DE CORAL

26 de Marzo del 2022 | 2 min lectura| Roberto Andres
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La Gran Barrera de Coral, ubicada en las costas de Australia, es la especie viviente más grande de la Tierra, visible incluso desde el espacio exterior. Es un ecosistema de 2,300 km de largo que comprende miles de arrecifes y cientos de islas compuestas por más de 600 tipos de corales duros y blandos. Este hogar de innumerables especies de peces coloridos, moluscos y estrellas de mar, junto con tortugas, delfines y tiburones, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1981.

Sin embargo, está siendo afectado por un evento de blanqueamiento masivo a causa del calentamiento global y la acidificación del océano. Para darse una idea de la gravedad e intensidad del fenómeno, basta decir que es el sexto blanqueamiento masivo desde 1990 y el cuarto desde 2016. Los científicos están impactados: la ola de calor marina, con 3 °C más que la media en algunos lugares, ocurrió en pleno fenómeno de La Niña, cuando se supone que esta debe traer tormentas y un clima más frío en general.

Este arrecife de más de 340 000 km2, ubicado frente a la costa noreste de Queensland, Australia, está próximo a un punto de no retorno. El nuevo blanqueamiento ocurre cuando una misión de la Unesco iba a comprobar la salud de la Gran Barrera de Coral para definir si pasa a la categoría de “en peligro”.

¿QUÉ ES EL BLANQUEAMIENTO Y CUÁLES SON SUS CAUSAS?

Los corales y las pequeñas algas unicelulares llamadas zooxanthellae (“zook” en la jerga científica) conviven en armonía bajo el océano: mientras los primeros les ofrecen morada entre sus tejidos, las segundas llenan a estos animales de energía y color. Una sociedad provechosa.

En un artículo en The Conversation, Jodie L. Rummer y Scott F. Heron, de la Universidad James Cook, explican que todo comienza a fallar cuando “en agua demasiado caliente las algas producen toxinas en lugar de nutrición, y el coral las expulsa”. Sin las algas, los corales mueren de hambre y pierden sus colores, otrora vivos y variados, para desnudar su esqueleto de piedra caliza blanca.

Si acaso las algas vuelven, hay chances de que algunos corales recuperen su esplendor y salud al cabo de unos meses. Pero si no es así, los corales mueren: sus esqueletos “se desmoronan”, cuentan los especialistas, y se elimina un hábitat fundamental para otras especies del ecosistema.

POR QUÉ FUE UNA SORPRESA

Para empezar, una gran parte de la Gran Barrera de Coral estaba en fase de recuperación tras los eventos de blanqueamiento de 2016, 2017 y 2020. Pero, además, se esperaban temperaturas más frescas y húmedas vinculadas al fenómeno de La Niña, que ya lleva dos años consecutivos. Nada de eso: 2021 fue de los años más calurosos y este marzo una ola de calor azotó el océano en la región. La crisis climática está volviendo menos predecibles fenómenos como La Niña y El Niño.

POR QUÉ HAY RIESGO DE MUERTE

Los eventos de blanqueamiento ocurren cada vez con mayor frecuencia y no dan tiempo a que los corales restauren sus características. Algunos podrían hasta demorar una década en recuperarse, lapso imposible dada la aceleración del calentamiento en el océano.

Según el biólogo marino Terry Hughes, del Centro de Excelencia para Estudios de Arrecifes de Coral, “la Gran Barrera se está adaptando a un nuevo régimen climático, donde el blanqueamiento masivo de corales ocurre cada dos años más o menos (2016-2017, 2017-2020, 2020-2022). Al final de esta década, la mayoría de las recurrencias del blanqueamiento serán en años consecutivos”.

QUÉ PASA CON EL ECOSISTEMA MARINO

La destrucción de la Gran Barrera de Coral perjudica el hábitat de al menos 1625 especies de peces, 3000 de moluscos, 630 de equinodermos (estrellas de mar y erizos, por ejemplo), entre otras. Los arrecifes son una parte fundamental para la salud y el equilibrio del ecosistema.

Según Rummer y Heron, las especies tienen solo tres opciones: “Adaptarse, moverse o morir”. En el primer caso, aquellas como el bacalao y los tiburones, “con tiempos de generación más lentos, no pueden seguir el ritmo al que estamos cambiando las condiciones de su hábitat”. En cuanto a la “mudanza”, tampoco es válida para todas las especies, especialmente si dependen de un ambiente particular, como sucede con el coral. En cambio, peces tropicales más grandes y buenos nadadores tienen más probabilidades de sobrevivir en aguas templadas. Y, en el último caso, los científicos prevén que, si adaptarse y moverse no son opción, “veremos extinciones a escala local, extinción total de algunas especies y disminuciones dramáticas en las poblaciones de peces”.

“La narrativa de que científicos inteligentes pueden reparar ecosistemas dañados sin abordar las causas, es una mentira. Es propaganda patrocinada por Gobiernos corruptos y la industria de los combustibles fósiles. En Australia, estas mentiras se han convertido en un torrente, coincidiendo con la visita de la Unesco al arrecife”, criticó el profesor Hughes a propósito de una de las tantas “soluciones tecnológicas” ofrecidas para no tener que tomar acción climática real. ¿Cuál es? Crear un sistema modular impreso en 3D de cerámica para construir un hábitat de arrecife sin necesidad de equipos pesados. “Puedes reemplazar miles de millones de corales vivos con una maldita impresora”, se burla Hughes. “¡Dejen de transmitir estas tonterías!”.

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