Eco turismo

LA RUTA DE LOS DINOSAURIOS EN LA RIOJA

18 de Enero del 2015 | 2 min lectura| Alejandra Gonçalves Mendes
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La ruta de los dinosaurios en La Rioja. El corredor ecológico y turístico de los dinosaurios en la región argentina de Cuyo, conocido como la Ruta de Los Dinosaurios, une los Parques Sierra de las Quijadas (San Luis), Ischigualasto “Valle de la Luna” (San Juan) y Talampaya (La Rioja). Su recorrido completo nos llevará al menos tres días para poder apreciarlo a pleno.

En La Rioja, El P.N. Talampaya conforma la llamada Cuenca Triasica de Ischigualasto, una vasta región desértica donde afloran antiguos sedimentos instalados allí por la erosión a comienzos de la era mesozoica, es decir hace 250 millones de años.

En aquel tiempo el clima de esta la región era tropical húmedo y la vegetación era muy abundante y frondosa. La cordillera de Los Andes todavía no existía, ni tampoco el Famatina -que se ve desde algunos puntos del valle.

La visita a Talampaya es un viaje de lleno al inicio de los tiempos. En este desolado paraje de 215.000 hectáreas, donde hoy descansa un lagarto somnoliento, con seguridad caminó alguna vez un enorme dinosaurio.

Una gran cantidad de fósiles animales encontrados en estos parques,- son estudiados en el Museo de Ciencias naturales de La Rioja y en el Centro de Investigaciones Crillar.

Estos estudios están ayudando a completar la línea de puntos que está permitiendo a los científicos determinar cuando y como aparecieron los primeros dinosaurios sobre la tierra, hace nada menos que 248 millones de años. Con la finalidad de resguardar este impresionante tesoro de gran valor científico, toda la cuenca conformada por Talampaya fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO en el año 2000.

El Parque Nacional Talampaya está dividido en tres circuitos turísticos. El primero es:

1) El Murallón:

Comienza junto a unos petroglifos tallados en la piedra por antiguas culturas indígenas que dibujaron figuras de animales como guanacos, pumas y ñandúes, y también seres humanos. También vemos restos de morteros cavados en la piedra donde se almacenaban y molían granos comestibles. Se cree que estos morteros pertenecieron a las culturas Ciénaga y Diaguita, que poblaron la zona entre los siglos III al X después de cristo. La camioneta continua hacia el interior del cañón y nos topamos con un impresionante paredón de 150 metros de altura. En el Jardín Botánico se toma contacto directo con la flora autóctona de la zona que está representada por un bosquecillo de 500 metros que contrasta con la aridez del parque. Allí están el algarrobo, el chañar y el molle.

Detrás del Jardín Botánico el agua de lluvia creó en la pared una hendidura vertical de forma cilíndrica llamada La Chimenea. El camino continúa hacia el interior del cañón y aparecen ahora las geoformas conocidas como Los Reyes Magos, La Catedral, con su inconfundible aire de grandiosidad gótica y más adelante El Monje.

2) Los Cajones

El segundo circuito que recorren los viajeros se llama los Cajones y avanza por un cañón que se va angostando hasta que ya no queda lugar para la camioneta. Entonces se debe seguir a pie entre dos paredones que se acercan entre sí como si fuesen a aplastarnos. Por el centro del cañón baja un arroyito que brota de un manantial entre dos piedras. Finalmente se llega a un enigmático lugar llamado Los Pizarrones, que es un extenso mural de 15 metros de largo con antiguos grabados indígenas con imágenes de la fauna autóctona y figuras humanas de sexo prominente.

3) Ciudad Perdida

La Ciudad Perdida es el tercer circuito del parque, y también el mas extenso. La recorrida dura 6 horas y comienza con la camioneta avanzando por el lecho seco del Río Gualo. Luego comienza una caminata sorteando dunas y pampas pobladas por guanacos hasta llegar a un mirador natural. Allí se abre un impresionante cráter de 3 kilómetros de extensión con fantásticas formaciones en su interior que se asemejan a una ciudad fantasma. No es en verdad el crater de ningun volcán sino una depresión del terreno de 70 metros de profundidad a la cual se desciende para recorrer sus interminables laberintos diseñados por las corrientes de agua. Entre los tesoros escondidos en la Ciudad Perdida hay una piramide casi perfecta llamada Mogote Negro, angostos pasadisos, ventanas de cuadratura geométrica, y finalmente un gran anfiteatro natural de 80 metros de profundidad excavado por la erosion. Durante las epocas de llúvia los poderosos cursos de agua aparecen y desaparecen en cuestion de segundos tallando el extraño laberinto de Ciudad Perdida, cuya estructura de hoy nunca será igual a la de mañana.

Orígenes de los paisajes.

La historia natural del tierra se divide en eras geológicas, y en el caso de Talampaya nos interesa la era mesozoica, que es la que esta reflejada aquí.

La Era Mesozoica a menudo se la denomina “ era de los dinosaurios” ya que durante un periodo de 150 millones de años un grupo muy diverso de este tipo de reptiles dominó la vida terrestre.

La era mesozoica a su vez está sub-dividida en tres periodos que son, el triásico en primer lugar, luego el jurásico y más tarde el cretásico. El triasico comenzó hace 248 millones de años y transcurrió durante 45 millones de años.

Lo singular aquí es que, a diferencia de cualquier otro lugar del mundo, en este sector de la Argentina, el triàsico está representado en su totalidad, de una forma increíblemente completa, con todas sus especie vegetales y animales fosilizadas en las rocas, que se las puede encontrar en la superficie del terreno casi sin excavar.

Por aquel tiempo, al comienzo de la era mesozoica todos los continentes actuales estaban unidos en un solo mega-continente llamado Pangea- a la altura de la línea del ecuador-. Esto hacía que el clima fuera de tipo monzonico, y Talampaya no era el desierto que vemos hoy, sino un gran valle surcado por lagos y enormes ríos. Las condiciones eran ideales para la vida y había una rica vegetación y fauna que vivían al abrigo de esta cuenca. Los helechos median hasta 10 metros de altura y los árboles eran especies familiarizadas con las actuales araucarias.

Fuente: turismo La Rioja

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