Ambiente

¿MEDIO AMBIENTE VS. ECONOMÍA?

29 de Agosto del 2021 | 2 min lectura| florencia
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“Si crees que la economía es más importante que el medio ambiente, intenta aguantar la respiración mientras cuentas tu dinero”Janez Potocnik, Ex Comisario Europeo para el Medio Ambiente

Redacción:  Abog. Luciana C. Lambertucci

La pandemia originada por el COVID-19 ha ocasionado un doble impacto en la salud de la Tierra. Por un lado, según la Organización Meteorológica Mundial y el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, el coronavirus ha disminuido las emisiones de gases de efecto invernadero y ha mejorado la calidad del aire desde sus comienzos a finales de 2019. Ciudades sin tráfico, calles vacías, industrias cerradas y actividades restringidas, graficaron el panorama producto de un aislamiento social sin precedentes.

Metas postergadas 

Pero, por el otro, este padecimiento mundial, incitó a los países que conforman la comunidad internacional a posponer tímidamente sus compromisos de reducción de emisiones y/o a suspender sus proyectos de transición energética, so pretexto de que una vez finalizada la crisis pandémica, todos los esfuerzos estatales debían estar centrados en la reactivación económica.

Para el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre derechos humanos y medio ambiente, David R. Boyd, “los científicos advierten que la deforestación, la agricultura industrial, el comercio ilegal de vida silvestre, el cambio climático y otros tipos de degradación ambiental aumentan el riesgo de futuras pandemias, incrementando la probabilidad de violaciones graves de los derechos humanos”.

Conforme al Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, cerca del 60% de todas las enfermedades infecciosas y el 75% de todas las enfermedades infecciosas emergentes en los seres humanos, incluido el COVID-19, son zoonóticas. De esta forma, deduce que los cambios ambientales inducidos por el ser humano, modifican la estructura poblacional de la fauna y flora y reducen la biodiversidad, causando nuevas condiciones que favorecen la proliferación de determinados huéspedes, vectores o patógenos.

Flexibilidad en las exigencias ambientales 

Muchos países ya apuestan por la flexibilización de las exigencias medioambientales, el relajamiento temporal de los procedimientos regulatorios, y la limitación de una participación pública que debería ser significativa, informada y eficaz, con la finalidad de atender a la emergencia sanitaria. Concuerdo con Boyd al afirmar que “a la luz de la crisis ambiental mundial que precede al COVID-19, estas acciones son irracionales, irresponsables y ponen en peligro los derechos de las personas vulnerables”.

Decisiones poco visionarias como la de revertir leyes y políticas ambientales, sólo servirán para debilitar aún más la endeble condición ambiental del planeta. Si a esto le sumamos un 2020 plagado de aplazamientos de foros y reuniones internacionales vinculadas al cuidado de la naturaleza, la combinación, a largo plazo, puede resultar en un incremento forzado de la degradación ambiental.

Es sabido que los procesos desregulatorios pueden traer consigo consecuencias asociadas a la reducción de partidas gubernamentales, al desmantelamiento de programas de gestión estatal, y a la distensión de normativas aplicables. Estas acciones podrían significar un retroceso de la protección alcanzada, mayores niveles de contaminación planetaria, y una profundización de la crisis ambiental que actualmente enfrentamos.

Hay quienes ven en esta emergencia sanitaria una oportunidad para reordenar la economía en términos de sustentabilidad, y, por sobre todas las cosas, para cambiar de paradigma, priorizando la función ecosistémica de los recursos naturales. Lo único cierto es que, si la futura reactivación económica no es guiada por los principios de precaución, de progresividad y de no regresión de la política ambiental, ello no significará otra cosa más que el derecho a un ambiente sano cediendo, como tantas otras veces, ante consideraciones de índole económica.

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