Ambiente

MEGAGRANJAS PORCINAS: CONTROL CORPORATIVO Y NUEVAS PANDEMIAS

17 de Setiembre del 2021 | 2 min lectura| RobertoAndrés
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El pasado 25 de agosto se conmemoró un año del surgimiento del movimiento argentino contra el acuerdo porcino con China, convenio formalmente suspendido, aunque las nuevas protestas apuntan a la continuidad del proyecto a través de acuerdos provinciales, como el que firmó Chaco para la instalación de tres megafactorías.

En la acción convocada por la Coordinadora Basta de Falsas Soluciones frente a la Embajada de China, Ornella Belén del movimiento Extinction Rebellion reclamó: “Es imposible desentenderse de que estamos en medio de una pandemia de origen zoonótico. Estos sitios de hacinamiento en condiciones infrahumanas de los cerdos reproducen las condiciones perfectas para la proliferación de nuevas enfermedades con potencial pandémico. ¿Por qué querríamos tener la posibilidad de generar una aquí?”.

AMENAZAS A LA SOBERANÍA ALIMENTARIA

Son muchas las razones que esgrimen los activistas y especialistas para oponerse a la instalación de estas megafactorías. En el programa especial Amenazas a la Soberanía Alimentaria, una serie de podcast responsabilidad de Acción por la Biodiversidad y Marcha, varios de ellos ampliaron los fundamentos para rechazar esta iniciativa en materia ambiental, económica y sanitaria.

Marco Filardi es abogado de derechos humanos y miembro de la Red de Abogados por la Soberanía Alimentaria. Filardi explicó que China quiso tercerizar su industria de cerdos, porque se vio afectada por un brote de peste porcina africana que lo llevó a sacrificar al 50 % de su producción, y eligió Argentina por la amplia disposición de soja transgénica y maíz transgénico, principal insumo de esta industria.

NO QUEREMOS SER CUNA DE NUEVAS PANDEMIAS

Filardi también apeló al nuevo contexto sanitario marcado por la pandemia de covid-19: “Si bien desconocemos al día de hoy el origen exacto y concreto del SARS-COV-2, responsable de la actual pandemia de coronavirus, lo cierto es que hemos inaugurado el siglo XXI con epidemias de distinto tipo, que son enfermedades zoonóticas, es decir, transmitidas de animales a seres humanos”.

“Esto tiene mucho que ver con la degradación ambiental, por ejemplo, con la deforestación, porque al destruir bosques, selvas y humedales destruimos también los ecosistemas en donde viven determinados animales, que son traslocados a distintos entornos y entran en contacto con nosotros con su respectiva carga de virus y bacterias. Lo mismo sucede con el tráfico de fauna silvestre y ni que hablar de la intensificación productiva animal en donde los hacinamos y aplicamos una carga desquiciada de antivirales y antibióticos”, explicó.

LA INSOSTENIBILIDAD ECONÓMICA DEL MODELO

Como con los proyectos de trigo transgénico, agricultura digital y la producción de 200 millones de toneladas de grano para 2030, los defensores del acuerdo porcino con China lo presentan como la mejor estrategia para la reactivación económica. ¿Cuánto hay de cierto en esto? ¿se puede excluir la dimensión ambiental del desarrollo económico? La economista e investigadora Karina Forcinito, miembro de la Asociación Argentino-Uruguaya de Economía Ecológica, apuntó contra la insostenibilidad económica del acuerdo.

Según la especialista, “hay un planteo falaz que tiene que ver con entender que estas mega inversiones extranjeras directas con vistas al mercado de exportación son la solución a todos los problemas sociales y económicos del país. Allí hay un primer problema, que es anterior a la necesidad de la transición socioecológica, y que no se ha verificado en las tendencias de la economía argentina desde las reformas neoliberales hasta nuestros días”.

“Desde hace más de cuarenta años que la economía argentina viene tratando de atraer inversiones extranjeras directas en los sectores pujantes y con ventajas competitivas y eso no solo no ha redundado en un mejoramiento de las condiciones de vida de la población, sino por el contrario, en un nivel de pobreza estructural creciente, un acaparamiento de tierras creciente, una mayor concentración de la propiedad de recursos estratégicos y privatización de bienes comunes que excluye a vastos sectores del población de mejores condiciones de vida”, explicó.



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