Ambiente

AMÉRICA DEL SUR VUELVE A ARDER

05 de Agosto del 2021 | 2 min lectura| RobertoAndrés
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Temor por los incendios 

América del Sur vuelve a arder ante el temor de que la temporada de incendios de este año sea aún más destructiva que la anterior.  Se han producido miles de incendios en el Pantanal, el Gran Chaco, el Cerrado y el Amazonas, lo amenaza la supervivencia de estos ecosistemas de importancia mundial, que almacenan millones de toneladas de carbono y dan cobijo a innumerables especies de animales y plantas.

Según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (IPNE) de Brasil se registraron 2.308 incendios en la Amazonia brasileña en junio de este año, el mayor total mensual desde 2007, con la mayoría centrada en las zonas deforestadas de Mato Grosso, el mayor productor de carne de vacuno y soja de Brasil. 

Por su parte, en el Cerrado se registraron 4.181 incendios en junio, lo que supone un aumento de casi el 20 % respecto al mismo mes del año pasado. En el Pantanal, el mayor humedal tropical del mundo, se registraron 3.693 incendios sólo en el estado brasileño de Mato Grosso do Sul durante los meses de junio y julio, y miles más en Bolivia y Paraguay.  

EL ROL DEL AGRONEGOCIO EN LA DESTRUCCIÓN DEL PULMÓN DEL MUNDO

La mayoría de los incendios son provocados deliberadamente por agricultores y ganaderos: se talan ilegalmente los bosques, se extrae la madera valiosa y se quema la vegetación restante durante la estación seca de junio a septiembre, para dar paso a la producción de ganado y soja. Científicos sudamericanos y representantes de pueblos indígenas alertaron sobre esta situación en una conferencia de prensa organizado junto a Periodistas por el Planeta el pasado 27 de julio.   

Aumenta la deforestación

“No podemos hablar de incendios sin hablar de deforestación. En la Amazonía hemos visto menos actividad de incendios que el año pasado debido al frente frío que estamos viviendo, pero la deforestación ha aumentado un 17 %.  Esto significa que tenemos más combustible para los incendios y, cuando el clima lo permita, probablemente tendremos más incendios”, advirtió Ane Alencar, del Instituto de Investigación Medioambiental de la Amazonia.

“Todos los esfuerzos de los que habla el gobierno [brasileño] últimamente no han tenido impacto sobre el terreno.  La deforestación ha seguido aumentando. Lo mismo está ocurriendo en el Cerrado”, sentenció.

Según registros satelitales, la deforestación en la Amazonia brasileña aumentó un 25 % en los primeros cinco meses de 2021 en comparación con el mismo periodo de 2020, con un bosque tres veces mayor que la ciudad de Nueva York talado. En el Cerrado, la sabana más biodiversa del mundo, la deforestación aumentó un 17 % en junio de 2021 en comparación con 2020.

“El Chaco Seco es el segundo bosque más grande de Sudamérica: un tercio de la región ha sido deforestado para cultivos y pastos para producir granos y carne vacuna, la mayor parte de la cual se exporta a Europa y China. Las excavadoras arrasan el bosque y luego la madera se quema, provocando incendios. La presión internacional es esencial. La deforestación está impulsada sobre todo por el consumo de los países importadores, por lo que estos actores son una parte muy importante de la solución”, exclamó Matías Mastrangelo, del CONICET de Argentina y miembro de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES).

“No sólo no hay señales de que China tome medidas para reducir la deforestación en los lugares donde se abastece de soja, sino que además China está realizando inversiones en el Chaco que aumentarán la expansión de la frontera agrícola y provocarán más deforestación”. 

LA CRISIS CLIMÁTICA CONTRA LOS BOSQUES SUDAMERICANOS

Una intensa sequía causada por La Nina y la escalada de la crisis climática están agravando aún más la situación. La temporada de lluvias de este año ha sido más seca que la de 2020 en las zonas de mayor riesgo, lo que ha ampliado el margen de maniobra para la tala y la quema y ha aumentado el riesgo de incendios incontrolados.

“La Amazonia contiene 120 gigatoneladas de carbono, lo que equivale a 10 años de quema mundial de combustibles fósiles. Se está convirtiendo en una fuente de carbono con importantes consecuencias para los bosques y el clima”, alertó Paulo Artaxo, científico de la Universidad de São Paulo Brasil y miembro del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

“Este cambio [a una fuente de carbono] no es sólo el resultado de la deforestación y la quema de biomasa, sino también de la degradación de los bosques causada por el cambio climático.  Debemos detener la deforestación y la quema, pero si los países desarrollados no detienen las emisiones de combustibles fósiles, la Amazonia morirá de todos modos”, señaló. 

Los ecosistemas de América del Sur están siendo llevados al límite.  Los científicos temen que una repetición de los incendios que devastaron casi el 30 % del Pantanal en 2020 podría desestabilizar el bioma de forma irreversible. Una investigación publicada en octubre de 2020 advertía de que hasta el 40 % de la actual Amazonia está al borde de un punto de inflexión a partir del cual no puede sostenerse. Ya hay indicios de que esta transformación está en marcha en la parte sur de la Amazonia, con científicos que informan de cambios en la composición de las especies, reducción de la humedad y muerte de los árboles. 

LOS DAÑOS EN UNA ZONA IMPACTAN EN OTRA

Las complejas interacciones entre los ecosistemas de Sudamérica hacen que los daños en una zona puedan tener un impacto significativo en otras. Por ejemplo, la vegetación autóctona del Cerrado, muy arraigada, mantiene el equilibrio hídrico de la región y su destrucción aumenta la probabilidad de que la Amazonia alcance un punto de inflexión. Al mismo tiempo, la disminución de la humedad en la Amazonia representa una grave amenaza para el Pantanal y el Gran Chaco, haciendo más probables los grandes incendios en estas zonas durante la estación seca.

Los impactos de la destrucción ya se están sintiendo en la región. Un estudio reciente relaciona la pérdida de la cubierta arbórea con las condiciones de sequedad en el sur de la Amazonia, lo que está perjudicando las cosechas y costando a la agroindustria hasta 1.000 millones de dólares al año. La Niña, el cambio climático y la deforestación han provocado la peor sequía de los últimos 91 años en algunas zonas de la región, diezmando las cosechas, amenazando la producción de energía y dificultando la navegación por el río Paraná, que está en su nivel más bajo en décadas.

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“La legislación que se está aprobando en Brasil empeorará los incendios. En agosto, el Congreso Nacional de Brasil acelerará la deforestación al aprobar leyes que dan permiso para la minería en tierras indígenas y que legalizan las invasiones de tierras públicas, incluyendo el acaparamiento de tierras.  Están legalizando la devastación de la Amazonia, no sólo de los árboles y la biodiversidad, sino también de las personas”, denunció Sonia Guajajara, líder de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB), una de las mayores organizaciones indígenas de este país.

“Cuando sólo se habla de soluciones basadas en la naturaleza, son soluciones incompletas. Necesitamos soluciones basadas en la naturaleza y en las comunidades. Es importante reunir y movilizar a la gente. Aunque nos enfrentemos a una pandemia, estamos luchando. Si nos quedamos en nuestras comunidades, corremos el riesgo de que nos mate una bala de los invasores. Tenemos que resistir”, advirtió.



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