Hogar

¿TE ANIMAS A EMPRENDER UN NEGOCIO DE ALIMENTOS DESDE TU CASA?

15 de Abril del 2019 | 2 min lectura| vanesa
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Jules Dervaes vive con sus hijos Anais, Justin y Jordanne en Pasadena, California, cerca de Los Ángeles. Su hogar parece el típico estadounidense, sin embargo en el patio trasero de la vivienda, parece un extenso campo al que le dio vida con una huerta completa y cálida. La casa de los Dervaes se presenta como una hacienda de ciudad y un modelo futurista ideal de autoconsumo.

LA COSECHA DERVAES

Los Dervaes poseen un terreno enorme en que producen 2.700 kilogramos de comida al año, con una multiplicidad de productos para todos los gustos: vegetales, frutas, huevos, leche, mermelada, miel, chocolate, condimentos. Ello es posible en parte, gracias a su desarrollo en las habilidades de crianza de abejas aprendidas de neozelandeses.

Para Jules va más allá de la comida, adopto la huerta como una forma de vida, teniendo en cuenta los valores de nuestros antepasados. Son los valores del cuidado y disfrute de la naturaleza los que le proporcionan energía al espíritu y al cuerpo. Además invierten en el conocimiento de las técnicas vanguardistas de consumo de energía y ahorro de agua.

Si bien la huerta es su principal recurso de sostenibilidad, también gozan de un jardín de flores y plantas, algunas de ellas comestibles y se están insertando en la producción dulce: mermelada, miel, chocolate e incluso bebidas refrescantes y saludables. Todo es posible bajo la autonomía de la naturaleza.

También organizan eventos festivos de todo tipo. Desde veladas de cine a música y comida tradicional, además de juegos de entretenimiento para niños.

La preocupante sequía

La historia es inspiradora, ya que podemos vivir de una manera más simplista y con lo que nos ofrece la naturaleza, sin maltratar ni dañar a los animales. Lo cierto es que en la actualidad, este señor se encuentra preocupado y atemorizado. Hace cuatro años está sufriendo los efectos de la sequía al punto de no saber si podrá continua con su querida huerta, su proyecto de vida.

Asegura que no dejan de intentar nuevas estrategias pero no alcanzan con las circunstancias agravantes del cambio climático inminente.

Las autoridades políticas en California están incentivando a través de políticas públicas a la colocación de plantas como los cactus, que ayuden al ambiente y gasten menos agua.

Los Dervaes se adaptaron rápidamente a estas medidas y además dieron otros pasos en el ahorro de agua, intentando mantener un sistema de irrigación que evita el consumo desproporcionado de agua. Tienen un sistema para recuperar el agua que sale de la casa y utilizarla para regar árboles.

Una postura ante la vida

Esta constante adaptación a las circunstancias es algo que caracteriza la vida de esta familia. Fue en el 2001, que se sintió conmocionado por información sobre alimentos transgénicos y decidió cultivar su propia comida.

Desde entonces, han pasado por un proceso de prueba y error. Para alcanzar el objetivo de producción alimentaria, tuvieron que ampliar su terreno, iniciaron con un sistema de pequeñas parcelas, eficientes en el uso de agua para fomentar el acercamiento de insectos de calidad. Además del cultivo, la familia tiene gallinas, patos y cabras.

La llamada “revolución casera” de Dervaes, trajo mucha atención exterior con la idea de arrancar proyectos similares. Este señor logro concientizar a muchos vecinos de la ciudad. Al principio les pareció algo extraño hasta que entendieron el motivo y los beneficios del emprendimiento.

En la actualidad, la familia vende parte de su cosecha a pequeños restaurantes o clientes que compran una caja de productos naturales al mes para su hogar.

Así manifestaba el señor Dervaes a una cadena televisiva norteamericana. “Nosotros queremos marcar la diferencia. Empezamos por la comida, le incorporamos el elemento de la música y caminamos hacia una vida de compañerismo y conversación. Esto no es un hobby, es un proyecto para las generaciones futuras y una cuestión de supervivencia Vivimos en un planeta enfermo que parece gritar: ¡ayuda!, ¡cúrame!”.

                                             Por Vanessa Furlón, equipo Sustentartv

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