Ambiente

UNA DEUDA PENDIENTE: LEY DE BOSQUES

22 de Noviembre del 2015 | 2 min lectura| SabrinaPin
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“Si los árboles nos diesen wi-fi todos estaríamos plantando uno. Lamentablemente sólo nos dan oxígeno”. Hoy, a casi 9 años de la sanción y promulgación de la Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos, o Ley de Bosques Nativos, estamos muy lejos del futuro que vaticinaban todos los ambientalistas que trabajaron activamente para conseguirla en aquél entonces.

“Progreso y protección del medio ambiente no parecen ser conceptos que vayan de la

mano”, explica  Juan Manuel Álvarez García, Director de Carrera Licenciatura en Relaciones Públicas Universidad de Morón / Manager Asuntos Corporativos Unitec Blue.

Según se ve, para que haya progreso, los recursos naturales tienen que estar a merced, y ser utilizados y malgastados tanto como fuere posible o, si preferimos cuidar y proteger los recursos naturales porque entendemos que son agotables y escasos, entonces nos encontramos frente a un estancamiento de la actividad industrial, y el progreso pareciera ser un tren que ya pasó y jamás volverá.

En todo el país las grandes corporaciones avanzan sobre miles de hectáreas de bosques nativos, muchas veces en complicidad con el Estado y, otras tantas, con su simple permiso. Lineamientos que debían ser los pilares fundamentales de la ley hoy sólo son deudas pendientes, tales como:

  • la moratoria a los desmontes hasta que cada provincia realice un Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos PARTICIPATIVO;
  • la obligatoriedad de realizar un Estudio de Impacto Ambiental y una audiencia pública antes de autorizar un desmonte;
  • y principalmente, la de respetar los derechos de las comunidades indígenas y campesinas sobre los bosques que utilizan.

Según Alvarez García, esto se debe a tres principales factores:

  1. La falta de conciencia acerca del daño a largo plazo.

  • Inmersos en el mundo del “ahora mismo” a todos nos cuesta imaginarnos dentro de 10, 15 o 20 años, y todos negamos la idea de estar contribuyendo hoy a la devastación del planeta en ese tiempo. Si cada individuo vive creyendo que su impacto en el medio ambiente que lo rodea es tan insignificante que no causará ningún efecto, entonces seguiremos teniendo 7.000 millones de personas contaminando a gran escala cada día.
  • A eso le sumemos el competitivo escenario de las inescrupulosas empresas que piensan que la Responsabilidad Social Empresaria no es más que un curso de capacitación que deben darle a sus empleados cada año.
  • Ni hablar de los altísimos grados de corrupción para conseguir los permisos de deforestación y tala.

Ninguno de estos actores ha tomado real dimensión de las fatales consecuencias y ese es un problema de concientización que aún no tenemos el valor de abordar con seriedad.

Sólo para que todos entiendan de qué se trata, el autor consigna muy brevemente definiciones que se han dado sobre la RSE:

  1. A) La responsabilidad social de la empresa es el conjunto de acciones que toman en consideración las empresas para que sus actividades tengan repercusiones positivas sobre la sociedad y que afirman los principios y valores por los que se rigen, tanto en sus propios métodos y procesos internos, como en su relación con los demás actores. La RSE es una iniciativa de carácter voluntario (Organización Internacional del Trabajo).
  2. B) La Responsabilidad Social Corporativa o RSE es el conjunto de obligaciones inherentes a la libre asunción de un estado o condición, aún no tipificado por el ordenamiento jurídico positivo, pero cuya fuerza vinculante y previa tipificación proceden de la íntima convicción social de que su incumplimiento supone la infracción de la norma de cultura. (Luis Solano, Prof. Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid).
  3. C) Responsabilidad social empresarial es una forma de gestión que se define por la relación ética de la empresa con los accionistas, y por el establecimiento de metas empresariales compatibles con el respeto de la diversidad y promoviendo la reducción de las desigualdades sociales (definición elaborada por el Instituto Ethos de Empresa y Responsabilidad Social, Brasil).

2- La falta de respeto a la Ley.

Algunos podrían llamarla “viveza criolla”, Alvarez García prefiere el término “cáncer cultural”. Una enfermedad tan arraigada en nuestra idiosincrasia que aún después de tantos años de padecerla seguimos pensando que es una virtud, o que nos otorga cierta ventaja. “Creo que parte de lo que no nos deja evolucionar como sociedad a una mejor calidad de vida. Eso de estar siempre viendo de qué manera eludir la norma, o viendo cómo ser “más vivo” que aquellos que cumplen la ley, creo que eso mismo lo que nos estanca y nos impide progresar culturalmente porque, dentro del sistema de gobierno que hemos elegido para regirnos, toda ley es creada por  aquellos que hemos elegido para que nos representen y en pos de mejorar nuestra calidad de vida”, explica el autor.

A tal punto esto está institucionalizado que provincias como Salta dilataron la reglamentación local de la Ley de Bosques Nativos hasta poder elucubrar su propio sistema de ordenamiento territorial haciendo una interpretación mezquina y parcial del texto nacional. Así pudieron continuar con los desmontes de miles de hectáreas que para su ordenamiento territorial no constituían bosques nativos.

También está el caso de Tucumán, que agregó dos colores más a la clasificación que establece la normativa nacional. Al rojo, amarillo y verde le agregaron marrón oscuro y marrón claro como dos clasificaciones más que permiten la “deforestación sustentable”. Eso reduce el territorio protegido a sólo aquél que esté bajo la clasificación roja y siendo una de cinco no es muy difícil deducir que los bosques nativos protegidos son muy pocos.

3-La falta de sanciones efectivas y reales.

El sin fin de pasillos judiciales que debe recorrer aquel que pretende una sentencia sancionatoria para quienes incumplen la Ley de Bosques Nativos es también un escollo más que desalienta la contienda jurídica. El gasto de energía, tiempo y dinero que enfrentan los que eligen la vía legal desanima a propios y ajenos.

Frondosas demandas colectivas que propugnan derechos de tercera generación vulnerados por estas corporaciones vienen a suplir una inacción del Estado que se hace cada vez más evidente. Las personas recurren a fundaciones, asociaciones civiles y organizaciones no gubernamentales para reclamar lo que el Estado debería brindar como parte de las necesidades básicas que propenden al bien común. Y al ver el desgaste judicial de tantos años sin llegar a sanciones verdaderamente ejemplares, cada vez son menos frondosas las demandas, y cada vez demandan menos.

Conclusión

Todo esto nos acerca, de a poco, al nefasto escenario de la naturalización. Pensar que una fábrica más significa necesariamente una innumerable cantidad de recursos naturales menos y que eso es así y no puede ser de otro modo, esa es la naturalización a la que debemos resistirnos con todas nuestras fuerzas.

Alvarez García, cree que nuestro deber hoy es crear conciencia en las generaciones que nos sucederán, alentarlos a creer que se puede combinar progreso y protección del medio ambiente con un final feliz para el planeta y todos los que habitan en él.

Una reflexión que puede resultar ridícula, pero no deja de ser cierta. “Si los árboles nos diesen wi-fi todos estaríamos plantando uno. Lamentablemente sólo nos dan oxígeno”.

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